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MÁS ALLÁ DE LA META: REFLEXIONES DE UN ULTRA TRAIL

De Val d’Aran al UTMB: Estableciendo la Meta

Después de haber conseguido una plaza en las 100 millas del Val d’Aran en 2022, puse mis ojos en el Ultra Trail Mont Blanc (UTMB) de 2023 y lo marqué como una meta en mi calendario. Inicié mi entrenamiento específico para la prueba en agosto de 2022, no solo para estar en forma para ese evento en concreto, sino para mejorar continuamente en carreras de larga distancia.

Durante ese tiempo, participé en varias competencias que me dieron valiosa experiencia. Algunas de estas fueron la K42 Anaga Maratón, la Transgrancanaria Classic y la Transvulcania Ultramaratón.

Si tuviera que destacar una etapa en particular, serían las seis semanas finales antes del UTMB. Estas fueron las más difíciles por varias razones: olas de calor que me impidieron entrenar en la montaña, un terrible incendio forestal que destruyó gran parte de mi área de entrenamiento habitual, y problemas de salud que afectaron mi sistema digestivo.

A pesar de todo, me tomé estos desafíos como una oportunidad para fortalecerme física y mentalmente. Aunque fue un período agotador, con entrenamientos bajo el calor intenso y una dieta restrictiva en un terreno poco apetecible, terminé mi preparación muy satisfecho.

Rumbo a Chamonix: Una Odisea en Furgoneta

Mi viaje hacia el UTMB comenzó en mi furgoneta, tomando un barco desde Tenerife a Huelva, un viaje de 36 horas. Luego, conduje muchas horas hasta las afueras de Valencia, donde descansé un poco en el estacionamiento de una estación de servicio. Al día siguiente, continué hacia Barcelona, donde cené con un buen amigo y hice un entrenamiento corto por la zona de Cerdanyola del Vallès.

Esa tarde recogí a mi familia en el Aeropuerto de El Prat y juntos empezamos un viaje inolvidable en furgoneta de unos 20 días. Nos dirigimos a los Alpes por carreteras como La Languedocienne y la Autoroute du Soleil, disfrutando del viaje y durmiendo en algunas regiones por las que pasábamos.

Finalmente llegamos a Chamonix, un encantador pueblo alpino. Acampamos allí, disfrutando de vistas espectaculares del Mont Blanc. También cruzamos el famoso túnel hacia el Valle de Aosta en Italia para una carrera en la que participaría mi pareja. Los días antes de la UTMB los pasamos disfrutando de la atmósfera única de la pequeña ciudad de Alta Saboya, sumergidos en un ambiente de montaña y trail.

Chamonix se transforma durante la UTMB. La feria del corredor, las carreras, los eventos de marcas deportivas y la diversidad de personas de todo el mundo crean una atmósfera increíble. Chamonix no solo vive de montaña y deporte durante el UTMB; es el lugar perfecto para un evento tan especial.

Emoción en la Salida: El Comienzo de una Aventura

Dejo de lado los detalles previos y voy directo a la carrera. Me coloqué en la línea de salida el viernes a las 16:30, hora y media antes de la señal de inicio a las 18:00. A pesar del calor y de estar sentado en el suelo, quería asegurarme un buen lugar para partir y sumergirme en la atmósfera previa a la carrera. El espacio era limitado y llegar tarde significaba quedarse atrapado detrás, lejos del arco de salida.

El inicio de la UTMB es uno de los momentos más increíbles que he vivido. Las calles del pueblo están repletas de gente animando. Los gritos de apoyo, los aplausos, el sonido de los cencerros y todos los aromas y colores crean una atmósfera tan emotiva que corrí los primeros tres kilómetros con la emoción a flor de piel, casi a punto de llorar. Solo de recordarlo, se me pone la piel de gallina.

Los primeros 8 kms de camino al primer avituallamiento en Les Houches transcurren en su mayoría por un sendero amplio y con poco desnivel. Con la emoción del momento y con la inercia que generan los corredores profesionales, el ritmo es de “locos”. Aunque siento que voy pasado de ritmo, cualquiera se atrevía a bajar de marcha en aquellos momentos. Es poco inteligente para la gestión del esfuerzo en una prueba de 100 millas, pero no pude contenerme. Supongo que, en el fondo, pensaría que era algo temporal y que no afectaría mi desempeño en las horas venideras. 

En el primer punto de avituallamiento, apenas recuerdo lo que había debido a la multitud animando y la cantidad de corredores a mi alrededor. Crucé el lugar como si estuviera en una carrera corta de 4 horas. Verifiqué mi agua (y creo que no había tomado ni un sorbo) y continué hacia la primera gran subida en dirección a Saint-Gervais. Mantuve un ritmo alto pero controlado. El camino transitaba por pistas y senderos anchos, lo que me permitió apreciar el majestuoso paisaje alpino. 

Después de alcanzar la primera cima, descendí con un ritmo alegre hacia el segundo avituallamiento. Era una bajada fácil, algo empinada pero sin problemas técnicos (imaginen lo rápido que iban los líderes). Al llegar a Saint-Gervais, me quedé asombrado. Recorrimos un kilómetro por las calles del pueblo, rodeados de una energía impresionante. La gente animaba con entusiasmo, algunos disfrazados, otros haciendo ruido con todo tipo de objetos. Incluso vi a alguien con una motosierra sin cadena, y pensé que realmente viven la carrera como una gran fiesta. Me hubiera encantado medir mis niveles de hormonas de la euforia en ese momento; seguro que eran sorprendentemente altos.

Luego, me dirigí hacia Les Contamines, el tercer avituallamiento y el kilómetro 31 de la carrera. Anochecía y mi ritmo ya se alineaba con mi estrategia inicial. En una ruta de ascenso constante, es fácil excederse, así que me aseguré de seguir mi plan de nutrición e hidratación.

Afrontando Obstáculos: Avituallamientos y Altitud

Al llegar al tercer punto de avituallamiento, donde se permitía asistencia externa, estaba emocionado por ver a mi familia y reabastecerme. Pero me encontré con un contratiempo. Busqué a mi familia en la gran carpa sin éxito, pasando de la emoción a la preocupación. Después de unos minutos que se hicieron eternos sin encontrarlos, saqué mi teléfono y llamé. Para mi sorpresa, estaban atrapados en un atasco y no llegarían a tiempo.

Lo primero que hice fue tranquilizar a mi familia, consciente de que podrían estar angustiados pensando que me estaban fallando y complicando mi llegada a meta. Decidí ver esta situación como otro desafío de la carrera. A pesar de los problemas gastrointestinales que tuve en las semanas previas y la ausencia de mi avituallamiento habitual durante la noche, no me desanimé. Mantuve la calma y elegí del avituallamiento lo que creí que me caería bien. Aunque estaba algo preocupado porque no sabía exactamente lo que estaba consumiendo en términos de energía, confié en mi autoconocimiento y experiencia para superar el obstáculo.

Dejé Les Contamines listo para enfrentar el primer gran ascenso al Col du Bonhomme. Luego continué por los puntos de avituallamiento de La Balme y Les Chapieux, este último me pareció extremadamente remoto. Al alcanzar el kilómetro 50, me sentí rodeado por la inmensidad del macizo del Mont Blanc. Como en cada parada, tomé lo que necesitaba y seguí hacia la sección más montañosa de la ruta. Pasé por el Refugio Elisabetta, Lac Combal, la Arista del Mt. Favre y Checrouit antes de la última bajada hacia Courmayeur.

Noche en el Trail: Luces y Sombras del Ultra Trail

A menudo me sucede que, aunque disfruto del trail nocturno, no recuerdo mucho de esos momentos. Creo que es porque las referencias visuales son escasas y me enfoco más en seguir adelante e intentar anticipar lo que viene. En esta ocasión, la noche se podía resumir en recorridos con subidas y bajadas notables, tramos técnicos, áreas con viento, un poco de frío y zonas brumosas que reflejaban la luz, lo que dificultaba la visibilidad.

Como anécdota, la batería de mi frontal se gastó en unas pocas horas. Cerca de la medianoche, tuve que cambiar a otra dispositivo y, como medida de precaución, la puse en la intensidad más baja. Aunque tenía baterías de repuesto, no fue la mejor decisión, ya que me vi obligado a avanzar casi toda la noche con luz insuficiente. Ese constante enfoque en el camino me produjo un cansancio mental considerable.

Después del avituallamiento en Checrouit, al kilómetro 77, me esperaba una bajada muy empinada de cuatro kilómetros hasta la mitad de la carrera. Al llegar a Courmayeur, en el kilómetro 81, tenía un punto de asistencia con una mochila preparada. Además de contar con mi propia comida, me llevé la grata sorpresa de encontrar a mi familia, que no había podido llegar al avituallamiento de Les Contamines y había cambiado sus planes. El apoyo de mi padre y los ánimos de mi pareja e hijo a las 5:00 de la madrugada me dieron un empujón significativo.

Salí de la ciudad italiana rumbo al Refugio Bertone contento, sabiendo que el alba me encontraría en el camino. Normalmente, el amanecer me llena de energía en estas competiciones, pero esta vez fue diferente. Sentía la fatiga acumulada y llegué al avituallamiento del refugio con un ritmo más lento del que traía. Decidí tomármelo con calma, enfrentándome a un tramo que ya sabía que sería difícil. El trayecto entre el Refugio Bertone y Arnouvaz, pasando por el Refugio Bonatti, era ondulado y medía unos 12 kilómetros. Aunque parecía fácil, con la altitud cercana a los 2000 metros y mi fatiga muscular, resultó ser enrevesado. Sin embargo, sabiendo que mis energías flaqueaban, opté por ajustar el ritmo para darle un respiro al cuerpo.

Después de Arnouvaz, encaré «la subida», una de las más duras que he tenido que afrontar en competición: el Gran Col Ferret. Era una pendiente con un desnivel considerable, alcanzando casi los 2500 metros de altura. Jamás había ascendido tan despacio en mi experiencia como corredor de montaña. La cuesta parecía interminable, pero en ese momento recurrí a una de mis estrategias favoritas. Me repito a mí mismo: “Si no puedes correr, camina. Si no puedes caminar, gatea. Pero sigue avanzando”. Esto no es un cliché motivacional del tipo «sin dolor no hay recompensa», sino más bien un mantra que me acompaña como una canción, siempre consciente de que mi salud no está en riesgo. En las ultramaratones, al igual que en la vida, tanto los buenos como los malos momentos casi siempre acaban pasando.

Después de superar ese pico aislado, comencé el largo descenso hacia el avituallamiento de La Fouly, en el kilómetro 113. Fue difícil, pero mientras bajaba, recuperaba energías y me sentía cada vez mejor. El tramo hacia Champex Lac transcurrió sin problemas y llegué al kilómetro 127 manteniendo un ritmo enérgico.

Últimos Kilómetros: Entre la Exigencia y la Euforia

No obstante, en mi mente ocurrió algo inusual: cuando me di cuenta de que solo quedaba la distancia de una maratón y de que tenía tiempo de sobra para terminar en menos de 30 horas, perdí mi chispa competitiva. No me interesaba la velocidad ni los corredores que me adelantaban. Solo quería vivir el recorrido y disfrutar los momentos con mi familia en los avituallamientos, sin esforzarme más de lo necesario.

Sin embargo, los kilómetros restantes hasta la meta me dieron un golpe de realidad. Las subidas hacia La Giète, Les Trepes y La Flégère resultaron extremadamente difíciles, con inclinaciones casi verticales en algunos tramos. Las bajadas hacia TrientVallorcine y Chamonix también fueron muy demandantes a nivel muscular. Dejaré la idea de que el UTMB es un recorrido fácil para los profesionales, aunque me pregunto cómo será para ellos enfrentar las dificultades del último cuarto de 100 millas.

Al final, el deseo de cruzar la meta y la creciente amenaza de no terminar en menos de 30 horas reavivaron mi espíritu competitivo, y me esforcé al máximo en la última bajada. Llegué a la meta con la noche recién caída y aún había mucha gente que me felicitaba en el camino. No obstante, a pesar de que cruzar la línea de llegada con mi pareja y mi hijo y la presencia de mi padre, fueron de los momentos más memorables, creo que he tenido finales más emotivos en otras carreras.

Así es, como leen, mi narración sobre cruzar la meta no es grandiosa. En realidad, veo la UTMB como el mejor ultramaratón de larga distancia que he corrido, pero mi llegada en sí no me pareció extraordinaria. Creo que estaba agotado mental y emocionalmente.

Los días posteriores a la carrera fueron inolvidables. Sorprendentemente, no me sentía muy cansado y pasé momentos maravillosos con mi familia. Me llenó de felicidad haber superado otro gran desafío personal. Esta competencia me enseñó mucho sobre mí en varios aspectos, brindándome experiencias deportivas y de vida increíbles que llevaré conmigo siempre.

El viaje de regreso en la furgoneta fue entretenido, a pesar del cansancio acumulado. Supongo que la satisfacción y la alegría hacen que uno afronte el cansancio de otra manera. Aunque a veces todavía me agobio por pequeñeces, estas carreras de larga distancia han mejorado mi capacidad de adaptarme a las circunstancias y de ver las cosas con más tranquilidad y desde otra perspectiva.

Extrayendo Lecciones:

Me gustaría ofrecer una perspectiva diferente sobre esta experiencia. Como entrenador y atleta de resistencia, usar un análisis DAFO (Debilidades, Amenazas, Fortalezas y Oportunidades) es una técnica sencilla que facilita el desglose y comprensión de las experiencias deportivas para potenciar el rendimiento en futuras competiciones. Espero que al compartir estas reflexiones, no solo me beneficie en mi desarrollo, sino que también pueda motivar a otros corredores de ultradistancia a revisar sus propias experiencias y buscar mejoras.

Como entrenador y deportista de resistencia, he extraído ocho lecciones derivadas de mi análisis DAFO con la intención de mejorar el rendimiento en futuras competiciones de ultradistancia de trail running:

1. Reforzar mi mentalidad de ultradistancia: Cultivar y mantener la confianza en mi capacidad para enfrentar ultratrail. Con ayuda de un profesional, buscar técnicas o estrategias para fortalecer esta creencia durante la preparación.

2.Desarrollar habilidades de adaptación: Continuar trabajando en mi capacidad para manejar situaciones inesperadas. Realizar entrenamientos que simulen condiciones imprevistas y/o complejas que me obliguen a adaptarme.

3.Mantener la consistencia en el entrenamiento: Asegurarme de que mi planificación de entrenamiento siga siendo sólida, progresiva y bien estructurada. La consistencia es la clave para la mejora continua.

4. Maximizar el apoyo emocional: Involucrar a mi familia y seres queridos en mi proceso de entrenamiento y competición. Su apoyo puede ser un refuerzo emocional significativo.

5. Alimentar mi motivación competitiva: Recordar siempre mi ‘por qué’ y mantenlo en el centro de mi preparación. Usar la competencia sana para impulsarme a mejorar sin que el resultado sea lo único que importa.

6. Mejorar la nutrición y la gestión de la fatiga: Trabajar con un nutricionista deportivo para afinar mi plan nutricional y estrategias de recuperación para minimizar problemas digestivos y optimizar el rendimiento.

7. Preparación para condiciones específicas: Adaptarme mejor al entrenamiento en altitud y calor, quizás mediante la exposición más frecuente al entrenamiento en altura y la mejora del trabajo específico de la musculatura respiratoria.

8. Planificación y estrategia de carrera: Investigar y reconocer el recorrido de antemano que ayude a establecer un ritmo de carrera que pueda mantener durante toda la competencia. Planear el viaje con menos incertidumbres para llegar descansado a nivel físico y mental.

Ultratrail Como Sistema Complejo: Una Visión Adaptativa

Como reflexión final, es fundamental considerar la carrera de ultratrail, y de hecho todo el entrenamiento y preparación para ella, a través del prisma de los sistemas complejos adaptativos. Un ultratrail no es solo un evento deportivo; es un sistema dinámico compuesto por una multitud de variables interconectadas y en constante cambio: el cuerpo humano, el entorno, las condiciones climáticas, la nutrición, la psicología, entre otros.

En un sistema complejo adaptativo, como lo es el cuerpo en un ultratrail, no podemos prever con total precisión cómo se adaptará a los distintos estímulos y desafíos debido a la no linealidad de las respuestas del sistema. Esto significa que pequeñas alteraciones en la nutrición, en el equipo o en el estado de ánimo pueden tener un impacto desproporcionado en el rendimiento, tanto positiva como negativamente. Del mismo modo, grandes esfuerzos de entrenamiento pueden no producir los resultados esperados si no se alinean con otros aspectos clave del sistema, como el descanso y la recuperación.

La adaptación es el corazón de un sistema complejo. La capacidad de aprender de cada experiencia y ajustarse a las condiciones cambiantes es lo que permite a un atleta no solo sobrevivir en un ultratrail, sino prosperar y superar los límites anteriores. Las lecciones aprendidas de cada carrera, cada sesión de entrenamiento, cada elección de nutrición y equipo deben ser vistas como información valiosa que alimenta el proceso de adaptación.

En esta perspectiva, un corredor de ultradistancia es un “agente adaptativo», que debe estar en constante aprendizaje y autoorganización para mejorar y para manejar mejor la incertidumbre y la complejidad inherente a estas pruebas. El entrenamiento, entonces, no es solo físico, sino también mental y emocional, enfocado en desarrollar la resiliencia y la capacidad de hacer ajustes en tiempo real. La meta no es solo cruzar la línea de llegada, sino hacerlo habiendo evolucionado, transformando cada desafío en una oportunidad de crecimiento personal y deportivo.

En próximas publicaciones, y si lo siguen considerando interesante, intentaré explorar más a fondo los sistemas complejos adaptativos. Mi objetivo es acercar y comprender mejor las propiedades y factores que influyen en el rendimiento deportivo desde esta perspectiva.

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